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La contaminación del vino con aromas y / o sabores “fúngicos” o “a moho” es un problema que puede afectar a cualquier bodega. La prevención es fundamental para evitar los aromas que se derivan de estos compuestos.

Las barricas pueden haber sido tratadas con halofenoles o haber absorbido halofenoles o haloanisoles del ambiente. Los halofenoles eran usados ​​en el pasado como pesticidas y debido a su naturaleza recalcitrante, persisten en el tiempo durante períodos considerables. Si la madera los absorbe, algunos microorganismos pueden convertir estos halofenoles en haloanisoles que se pueden transmitir al vino.

Asimismo, las contaminaciones microbiológicas de la bodega también pueden generar aromas que se adsorben a la barrica a lo largo de su vida útil. Por este motivo es también importante hacer un seguimiento de los aromas del vino resultantes del proceso de envejecimiento.

En Cork Center Laboratory hacemos estos dos controles de forma rutinaria y tenemos veinte años de experiencia en este campo.

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