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La Comisión Europea ha aprobado un paquete de propuestas para que las políticas de clima, energía, uso del suelo, transporte y fiscalidad de la UE sean aptas para reducir las emisiones netas de gases de efecto invernadero en al menos un 55% para 2030, en comparación con los niveles de 1990.

El objetivo de lograr estas reducciones de emisiones en la próxima década es crucial para que Europa se convierta en el primer continente neutro desde el punto de vista climático para 2050 y para hacer realidad el Pacto Verde Europeo y transformar fundamentalmente nuestra economía y sociedad para un futuro justo, verde y próspero.

Los Estados miembros también comparten la responsabilidad de eliminar el carbono de la atmósfera, por lo que el Reglamento sobre el uso del suelo, la silvicultura y la agricultura establece un objetivo global de la UE para la eliminación de carbono mediante sumideros naturales, equivalente a 310 millones de toneladas de emisiones de CO2 para 2030. Los objetivos nacionales exigirán a los Estados miembros que cuiden y amplíen sus sumideros de carbono para cumplir este objetivo.

La Estrategia Forestal de la UE pretende mejorar la calidad, la cantidad y la resistencia de los bosques de la UE. Para 2035, la UE debe aspirar a alcanzar la neutralidad climática en los sectores del uso de la tierra, la silvicultura y la agricultura, incluyendo también las emisiones agrícolas no relacionadas con el CO2, como las derivadas del uso de fertilizantes y la ganadería. La Estrategia Forestal de la UE pretende mejorar la calidad, la cantidad y la resistencia de los bosques de la UE. Apoya a los silvicultores y a la bioeconomía basada en los bosques, al tiempo que mantiene la explotación y el uso de la biomasa de forma sostenible, preserva la biodiversidad y establece un plan para plantar tres mil millones de árboles en toda Europa para 2030.

La producción y el uso de la energía representan el 75% de las emisiones de la UE, por lo que es crucial acelerar la transición hacia un sistema energético más ecológico. La Directiva de Energías Renovables fijará el objetivo de producir el 40% de nuestra energía a partir de fuentes renovables para 2030. Todos los Estados miembros contribuirán a este objetivo, y se proponen objetivos específicos para el uso de energías renovables en el transporte, la calefacción y la refrigeración, los edificios y la industria. Para cumplir nuestros objetivos climáticos y medioambientales, se refuerzan los criterios de sostenibilidad para el uso de la bioenergía y los Estados miembros deben diseñar cualquier sistema de apoyo a la bioenergía de forma que se respete el principio de cascada de usos de la biomasa leñosa.

 

La contribución del sector corchero

Las nuevas medidas aprobadas para reducir las emisiones netas de CO2 son una buena noticia para el sector corchero, que basa su economía en un producto natural, reciclable y renovable como el corcho, que es un ejemplo en la lucha contra el cambio climático y que deviene una apuesta firme por una economía verde, sostenible y competitiva. Y que los alcornocales fijan más dióxido de carbono en la atmósfera del que emiten y con esta huella de carbono negativa contribuyen a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Se calcula que los alcornocales retienen hasta 14’7 millones de toneladas de CO2 anuales (Cork Information Bureau | 2019).

Además, el polvo de corcho puede usarse como biomasa y contribuir de este modo a generar una energía que reduzca las emisiones de dióxido de carbono. De hecho, esta es una práctica habitual entre las empresas elaboradoras de tapones de corcho, que usan dicho polvo generado durante el proceso de fabricación.

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